HEAVEN #3235 El Juego
Dios Dijo:
No eres un comodín, amado. Eres Mi As. Eres la carta que tengo en la mano. Todos Mis descendientes son el as que sostengo.
Has visto como la gente que juega al póker toma al juego muy en
serio. Incluso cuando los jugadores juegan por fósforos, se vuelve
serio. Los jugadores, hasta cuando no se arriesga nada, entran al juego
y se convierten en jugadores serios, como si todo estuviera en juego,
como si sus propias vidas estuvieran en juego. Sienten que no quieren
perder. No les molesta perder los fósforos, pero sienten que están
cargados para ganar ¿Ganar qué? Ganar el juego. Desean fervientemente
que las cartas que son repartidas, o que se reparten a sí mismos,
derroten a las cartas de los demás. Entonces los jugadores quedan
atrapados en el deseo de ganar. ¿Qué tiene que ver realmente el ganar
con los jugadores?
El juego de las cartas se juega en etapas, digamos. Sabes que sólo
es un juego, pero estás serio, entonces te miras y miras a los demás
ganar o perder. Eres el observador que mira a otros observadores. En
cierto sentido, eres como las muñecas rusas, una dentro de la otra,
como capas de ti contenidas una dentro de la otra. Miras lo que sucede,
y te miras a ti mismo que te miras a ti mismo. Y entonces tienes
múltiples capas y sabes que existes y como sabes que un juego es solo
un juego, todavía tienes que ganar. Tienes que ganar, si no. ¿Si no
qué? ¿Qué es lo otro? Ganes o pierdas, el juego se termina, y tú
devuelves las cartas y te vas a tu casa.
Quizás piensas que fuiste favorecido por Dios cuando tienes una mano
ganadora. Quizás piensas que no fuiste favorecido por Dios cuando no
tienes una mano ganadora.
Ves el paralelo entre la vida y una mano de póker, ¿no?
Sean las que sean las cartas que recibes, sabe, de una buena vez,
que has sido favorecido. Por supuesto, amas las buenas rachas. Son
divertidas, y las malas rachas no son tan divertidas. No te gustan
mucho las malas rachas. Quizás te valoras más cuando ganas y te valoras
menos cuando pierdes. Ganar es un alivio. No ganar genera
disconformidad.
Ojalá te olvidaras del concepto de ganar o perder. Ojalá jugaras un
juego de cartas y supieras, realmente supieras, que no hay mucho en
juego. Estás jugando por diversión. ¿Por qué debería tu diversión
depender del hecho de ganar? Ganes o pierdas, diviértete. El juego es
realmente una ocasión para la camaradería. Podemos llamar al juego una
excusa para estar juntos, como si necesitases de una excusa. Todos
saben que jugar al solitario, hasta ganando todas las manos, no es
divertido. Compartir el entendimiento, sí lo es. En la vida, estás
jugando un juego de entendimiento, amado.
Cuando se trata de ganar o perder, el aguafiestas es el ego. Al ego
le gusta estropear los trabajos. El ego gana de cualquier modo. El ego
está feliz cuando ganas, y tiene regocijo cuando no lo haces. El ego
hace que esté todo bien de cualquier modo. Ya no seas el títere del
ego. Permanece en el juego pero no seas parte de él.
Juega neutral, amado.
Ganar es un mito. Perder también lo es. ¿Qué puedes perder cuando
eres más grande que la vida misma? ¿Qué puedes perder sino el ego? No
hay nada más que puedas perder. Cuando el ego se va, el sufrimiento y
todo lo que esté relacionado sale por la puerta junto con el ego. Todos
los compañeros del ego lo siguen del mismo modo en que las capuchas
siguen al capo de la mafia.
Traducido por: Cecilia Ricardini